Descubrir que tienes altas capacidades en la edad adulta: no es una etiqueta, es un antes y un después

Hace algo más de un año, Adriana Vergara, de Conexión Divergente, me ofreció hacer con ella un vídeo podcast hablando de algo que, hasta entonces, había sido profundamente personal: qué se siente al descubrir que tienes altas capacidades siendo adulta.

No fue un momento épico.
No hubo una revelación repentina.
Fue algo más sutil… pero mucho más profundo.

Fue como si, de pronto, muchas piezas empezaran a encajar.

Cuando todo cobra sentido (y también duele)

Descubrir tus altas capacidades en la edad adulta no es solo entender cómo funciona tu mente. Es, sobre todo, mirar hacia atrás.

Y ahí es donde ocurre algo difícil de explicar. Empiezas a reinterpretar tu historia: momentos en los que no encajabas, decisiones que no entendías, etapas de bloqueo, de aburrimiento, de frustración… incluso relaciones.

Lo que antes parecía “falta de constancia”, “ser complicada” o “no saber centrarte”, empieza a tener otra lectura.

Y eso alivia. Pero también duele.

Porque te das cuenta de que, durante mucho tiempo, te has exigido desde un lugar que no tenía en cuenta cómo eres realmente.

No te conviertes en otra persona. Te entiendes

Una de las ideas más importantes —y que compartía en ese vídeo— es que descubrir tus altas capacidades no te transforma en alguien nuevo.

No te da superpoderes.
No cambia quién eres.

Lo que cambia es la forma en la que te miras.

Dejas de intentar encajar en moldes que no son tuyos.
Empiezas a validar cosas que antes cuestionabas.
Y, poco a poco, aparece algo que muchas personas con AACC no han tenido: permiso.

Permiso para ser intensa.
Para aburrirte de lo superficial.
Para necesitar profundidad, sentido, conexión.

La montaña rusa emocional

Hay algo que no se suele contar: este proceso no es lineal.

Hay momentos de claridad… y momentos de duda.

Días en los que todo encaja, y otros en los que piensas:
«¿Y si me lo estoy inventando?»

Porque aceptar que eres diferente también implica asumir ciertas cosas:
que no todo el mundo te va a entender,
que hay entornos que no son para ti,
que algunas decisiones necesitan ser replanteadas.

Y eso remueve.

El valor de ponerle nombre

Sin embargo, a pesar de todo, ponerle nombre es liberador.

No por la etiqueta en sí, sino por lo que implica.

Es dejar de pelearte contigo.
Es empezar a escucharte de verdad.
Es entender que no eres “demasiado”, ni “insuficiente”.
Eres… diferente.

Y desde ahí, todo cambia.

Por eso decidí hablar de ello

Durante mucho tiempo, esto fue algo que viví en silencio.

Pero entendí que compartirlo podía ayudar a otras personas que están en ese mismo punto, con esa sensación de no saber qué les pasa, de intuir que hay algo más… pero sin saber nombrarlo.

Por eso acepté grabar ese vídeo podcast.

Porque a veces, escuchar a alguien poner palabras a lo que tú sientes es el primer paso para empezar a entenderte.

🎥 Te dejo aquí el vídeo completo

Si estás en ese momento…

Si estás empezando a cuestionarte cosas, si algo de esto te resuena, si sientes que hay piezas que no terminan de encajar…

No estás solo.

Y no, no es tarde.

Entenderte no tiene edad.

Para mí ha sido un antes y un después: no solo por mí misma, que también, sino por mi hijo. Antes le entendía, ahora le comprendo mucho más profundamente y soy capaz de ayudarlo desentrañando todos los engranajes de nuestra mente.

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